miércoles, 18 de noviembre de 2015

No te quedes a un paso de todo.

La posición elevada en que me tenía a mí misma, no me correspondía más. Tarde me di cuenta. Había tomado demasiadas malas decisiones que me traían arrastrando recuerdos de una vida que ya me era ajena, pero que seguía sintiendo presente. Una publicación en internet dio fin a mi patética imagen sobrepuesta en mi yo actual; decía por qué una persona cambia. Suponía que las personas no cambiaban, que su yo siempre sería su yo adaptándose a diferentes situaciones, ¿no es la adaptación un proceso de cambio?

No sé si ya he sufrido demasiado, pues me dedico principalmente a ignorar mis emociones; no sé si he conocido mucho, pues siempre estoy anhelando saber algo más; pero es seguro que estaba cansada de lo mismo. Cansada de levantarme todos los días a la misma hora y viajar por carretera dos horas, peleando con el aire a causa de los automovilistas de la ciudad, ignorando mi música favorita, preocupada por llegar a tiempo a un lugar donde no me siento cómoda, para "estudiar" memorizando métodos y programando mi cerebro para la vida laboral, haciendo crecer mi deuda económica, invirtiendo en educación que yo misma me daba.

Había dejado todo por nada. Por masoquismo más que por fe, dejaba de hacer lo que me encantaba con la excusa del tiempo. Cualquier cosa queda perdonada cuando uno se convence de que no hay tiempo. Sin embargo, consciente de mi error, aún ato mis pies a esta silla y contemplo la luna detrás de mi ventana. Sigo el ideal de un desconocido. Creo saber mi objetivo, actúo como debería, piso cuidadosamente las huellas que otros han dejado. Pero mis pies ya no pueden más, mi alma cansada ahora pesa sobre mis piernas, o me hinco o me salgo del camino.

Basta ya.

Dejaré de sentir lástima por mí misma, no me sentaré como espectador de mi propia vida, viendo cómo mis días se consumen en nimiedades y desinterés, viéndome insignificante, y falsamente creyéndome superior a todos. Pensaré cada elección, hasta encontrar mi sentido, para que después mis decisiones, inconscientemente, me dirijan en él.

Las prohibiciones únicas para sobrevivir: no tengas miedo de lo que pueda ser ni a la insensatez, no te estanques en el borde, no te quedes con las ganas, no mires para atrás -si no es para sonreír-, no limites tus emociones, no pises las huellas de otros, ni esperes saber de su experiencia, no esperes que otro lo haga, no esperes nada de nadie ni de ti, no te predispongas, no te sientes a esperar el tiempo, no te sientes a esperar la vida.

Si no te gusta el reflejo del espejo, rómpelo, en cada pedazo se reflejará una parte de lo que fue un todo, verás lo valioso y lo superficial, encontrarás que el tiempo nunca se ha perdido, que no existe si así lo quieres y que no hay palabras más valiosas que el silencio, observar detenidamente y re-conocer aquello que perciben los sentidos, de la brisa y el frío, de las notas de una pieza musical, del sabor de una manzana, no pensar y solo sentir que todo fue hecho para ti. El placer de vivir. Se ha conocido tanto del exterior que olvidamos la esencia y el alma. La inefable maravilla que nos lleva de la materia a la razón.

Desear. Esa palabra que puede tener tanto poder.

Quizás, como aquellas personas que no saben ver, pensar, escribir o leer; yo no sé desear.


Todo esto durará hasta mañana, cuando despierte de mi irrealidad y tenga que vestirme para recibir la monotonía, o hasta esta noche...