Entró a un café, era una tarde otoñal con olor a invierno. Se sentó en una mesa frente a una ventana para ver pasar a la gente y calcular el día, mes y año de su muerte. Era su pasatiempo. Se quitó las gafas y el abrigo. Sujetó su cabello rojo y lo encadenó a una liga. Sacó una hoja en blanco y un lapicero negro. Lo dejó sobre la mesa y lo miró fijamente.
Se acercó a ella la mesera del café:
-¿Qué ordenará?
-Ideas.
Todo el tiempo en su mente sonaba To Ramona.
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