jueves, 12 de julio de 2012

UNO.

¿Cómo es que no puedo pensar? Se preguntaba acostado en la cama. 
Apenas 16 años, Luis había logrado lo que creía imposible.

Había pasado largo tiempo vaciando su mente de tantos pensamientos... Ya no podía ser creativo. Sus historias parecían telenovelas, ya no eran de gran interés. No podía hablar ni pensar oraciones con significado sensato, ni podía expresar sentimientos. Ya ni siquiera podía recordar algunas palabras. 
Su cabeza era un vacío donde flotaban oraciones e información desordenada. Sujetos, verbos y predicados por aquí y por allá. Pensaba sólo superficialmente. 
No pensaba en lo que hablaba, parecía responder mecánicamente casi como un robot. Como si sus respuestas estuvieran pregrabadas.
Sus debrayes se hacía cada vez más frecuentes y naturales en él. Podía pasar de hablar de cartas a la historia de la ropa interior en cuestión de minutos. 
Para cualquiera, Luis era un desastre, para mi era especial.

No era el más guapo, vaya, ni siquiera era guapo, pero tenía algo que llamaba tu atención.

Lo conocí en la playa, estaba sentado, sus rodillas pegadas a su frente, solo. Me acerqué con cuidado, sin moverlo, sin hacer ruido, simplemente para observarlo sin que sintiera mi presencia. Parecía que para él no existía nada fuera de su cuerpo. Como si el único ser existente en el planeta fuera él. Nada más.

Pasé el resto del día a su lado. Al ocultarse el sol, alzó la cara, se paró, se sacudió la arena y se fue. Aún no existía yo en su pequeña cabeza. Lo miré con cuidado el resto de la semana y un día lo seguí a su casa. Antes de que él entrara me miró. Estaba sorprendida, su mirada estaba vacía, no tenía nada.
La mañana siguiente, a una hora acordada, llegué a su casa. Abrió, entramos a su cuarto. Sólo había ropa, una cama y un escritorio que debajo almacenaba libros. 
"No entiendo qué haces cerca" me dijo. Le contesté que simplemente me interesó saber si no había en su mente. "Es precisamente lo que intento, que no haya nada en mi mente".
Me contó y explicó su proyecto de vaciar su mente. El proceso abarcaba dejar sus sentimientos, emociones, ideas, y dejar sólo palabras esenciales para la comunicación. Aunque ese era el paso final: NO HABLAR.

"Los sentimientos fueron fáciles, pues eran nada en sí. Eran ideas prefabricadas de la sociedad. Las emociones, la mayoría habían desaparecido, y aún trabajo en eso, la desesperación. Las ideas... las ideas, ¿qué son las ideas? ¿es posible no idear? Si ponemos las ideas como una consecuencia para la explicación de acciones, hechos y necesidades, entonces es posible. Es posible deshacerte de ellas. Pues aún te queda el instinto. Y eso también desarrolla ideas".

Se notaba el avance de su trayecto. No podía expresarse bien, pero todo aumentó y empeoró con el tiempo. Luis se quedaba inmóvil en el suelo, en la cama, en el sillón... Poco a poco todo lo hacía por impulso, no pensaba lo que hacía.

La pregunté: ¿qué harás cuando lo hayas logrado? 
Contestó: Jamás lo lograré. Pero cuando haya llegado a un punto donde ya no pueda más, sabré quién soy. 

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