Y el evitarse es continuo.
Te veo de frente, te reconozco, pero es sólo reconocimiento físico.
No sé si eres el mismo. Los ojos que a los que me presenté una vez ya no me reflejan. ¿Entonces fui yo?
¿Cómo saberlo, si no tenemos fuerzas para hablar? Si no queremos hablar, ni vernos, sólo pasar de largo la presencia del otro, como una persona más, una existencia que al voltear la mirada no existe más.
Me viste.
Pero el pasado. Invade el presente, siempre sus juegos, ¡malditos juegos!
Aprendí a ganar.
Y los pensamientos contenidos en cada paso, los pasos que me llevaron hasta ti, se disiparon al sentir el frío roce hombro con hombro, ciegos, insensibles, ignorantes... efímeros.
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