lunes, 25 de abril de 2016

Paraíso

Debería ser fácil contemplar el cielo, el sol, los árboles, los animales, el pasto... y reconocer que todo eso existe para ti. La vista opacada con consumismo y "lujos", necesidades innecesarias, nos aleja de esta admiración y nos provoca destruirla.

¿Para qué esperar una vida eterna y gozosa, cuando podemos hacer de la Tierra el paraíso?

El propio humano se justifica con la existencia de un Dios misericordioso y justo para destruir su propia existencia y hacer de la vida un sufrimiento, ¿y si no existe la vida después de la muerte?

No es necesario creer en un Dios, quizá somos nuestro propio Dios, pues en nuestra mente es donde existe el bien y el mal. El bien que prácticamente es felicidad y el mal, que perjudica la existencia. Pero no una felicidad degenerada, en la que careces, sino en la que eres.

La felicidad de ser. Ser feliz.

Construyamos el paraíso terrenal, reencontremos la virtud, el cultivo tanto del cuerpo como de la mente, dominemos a nuestro yo actual y globalizado, "vanguardista", volvamos al principio, a lo sencillo, al razonamiento. Debemos vencernos, superarnos cada día, ser la mejor versión nuestra, más de lo que podamos ofrecer, para que al final, en el último instante, del último respiro salga una sonrisa; y no haya arrepentimientos, ni juicio final, ni castigos, ni infierno, ni nada.




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