miércoles, 2 de septiembre de 2015

Imágenes de luna llena 1

 
Durmiendo sueño lo que despierto sueño.
 Y mi soñar es continuo.


Cuando cae la noche lo que más me atemoriza es la sensación de perdición: caer en la inconsciencia al cerrar los ojos. Enfrentarme conmigo misma, mirando la oscuridad, tan sólo para evitar el miedo a la inconsciencia y al despertar; para sentirme dentro de las sábanas, sobre un colchón, con los primeros rayos -que logran burlar las cortinas- sobre mi cara recordándome que la realidad de hace algunas horas quedó intacta para que al abrir los ojos de nuevo pueda reconocerme y continuar con lo inconcluso del día anterior… y el anterior…

No siempre recuerdo mis sueños al despertar, aunque a veces me gustaría: cuando abro los ojos con esa sensación agradable de haber soñado algo deseado. Después de aquella noche, el terror que me quemaba al terminar el día era tal, que jamás volví a desear recordar ninguna fantasía. Al despertar ocupaba mi mente con cualquier nimiedad o tarea rutinaria para dejar pasar al olvido todas las imágenes que había creado por la noche, o me despertaba con alarmas a horas precisas -el acto más asequible para ignorar rápidamente los sueños-.

Es increíble cómo en un solo instante puede cambiar todo. Cómo una persona millonaria se vuelve nada si cada uno de sus billetes es cortado en pedazos. Cómo el aire que inhalas puede ser tu última exhalación. Cómo el aleteo de una mariposa puede provocar vientos destructores. Cómo, simplemente, decidir entregarse al cansancio del cuerpo puede generar la emoción más fuerte que puedas sentir. En la noche todo se transforma, y esa noche no iba ser diferente. La cama que siempre me pareció mi mayor atadura, se convertiría en mi mayor fortaleza.

Apenas eran las once y ya iba a ceder a la obscuridad de la noche, al calor de las sábanas y a los pesados párpados que intentaba mantener abiertos ante el último capítulo del libro. El colchón se sentía incómodo, pero mi cuerpo no podía sostenerse un segundo más, acomodé mi cabeza en la almohada y no tuve que torturarme intentando dormir: desfallecí por completo. Muchos lugares, personas y situaciones vagaron por mi mente y me dejaron jugar con hipótesis y posibilidades que creía perdidas en la realidad. Pero al dar las 2 de la mañana iba a ser imposible jugar de nuevo.
Mi consciencia despertó primero, mi cuerpo aún no estaba listo. Sabía perfectamente que estaba soñando, y sin embargo, estaba acostada en mi cama, soñando conscientemente que me encontraba ahí, y al abrir los ojos encontré una silueta justo al lado izquierdo de mi cama. Podía haber sido sólo una ilusión que desaparecería al parpadear, así lo intenté. Parpadeé suavemente, todavía aturdida, pero la silueta seguía ahí en su negrura; mirando por el rabillo del ojo pude notar que me observaba. Tenía una mirada intensa y escalofriante, te hacía sentir escoria, terror, amargura y soledad en el mismo momento. Como si Dios mismo te mirara y juzgara el día del juicio final. Queriendo escapar de ese momento que se volvía eterno, traté de cambiar el sueño, de hundir los ojos en el mar de mis sábanas con la desesperación de una presa que no tiene salida y el siguiente movimiento será el último. Temía que no fuera a despertar, pero no quería abrir los ojos. Un creciente miedo fue arrebatándome la sensatez, mi temperatura comenzó a aumentar, mi respiración se hizo más fuerte, mis músculos se contraían, sentí las gotas de sudor deslizarse por mi espalda y frente, en cualquier instante mi corazón saltaría fuera de mi pecho, y estaba completamente inmóvil en mi sueño. Un pánico inexplicable me impedía abrir los ojos, porque sabía de algún modo que había posibilidades de que esa exacta silueta se encontrara ahora mismo parada junto a mi cama y observándome. ¿Qué quería de mí?


Después de al menos media hora de terror, caí de nuevo perdida. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario